Problemas de cremalleras: por qué fallan y qué se arregla

Se baja sola, sube pero no cierra, se abre por abajo o se atasca: cada fallo tiene su pieza.

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Cremallera y su carro Cremallera vista de frente: los dientes encajados por debajo del carro y separados por encima.

Las cremalleras son la pieza que retira más prendas del armario, y también la que más veces tiene arreglo. Merece la pena conocer sus cuatro partes, porque cada fallo pertenece a una.

Las cuatro piezas que pueden fallar

El carro es la pieza deslizante. Funciona como una cuña: al subir, sus dos canales interiores fuerzan los dientes a entrelazarse. Es la pieza que más falla, y casi nunca por rotura: se abre con el uso y deja de hacer cuña.

Los dientes —o la espiral, en las de nailon— son lo que se engancha. Un solo diente doblado o ausente crea un punto por el que la cremallera se abrirá siempre.

Los topes marcan el final del recorrido. El inferior mantiene juntas las dos mitades; si se suelta, la cremallera se abre desde abajo aunque arriba esté cerrada.

La cinta es el tejido sobre el que va montado todo. Cuando se deshilacha junto a los dientes, el arreglo ya es sustituir la cremallera.

Cómo saber qué pieza es

Tres comprobaciones, en este orden:

  1. Sube la cremallera hasta arriba y mira el resultado. Si sube pero queda abierta detrás, es el carro. Si cierra bien y se baja sola después, también es el carro, pero por desgaste.
  2. Mira los dientes uno por uno, con la cremallera cerrada, buscando uno torcido o que sobresalga. Un solo diente explica un fallo que siempre ocurre en el mismo punto.
  3. Tira suavemente de las dos mitades por la base. Si se separan, el tope inferior está suelto.

Qué se arregla en casa y qué no

En casa, con cuidado: apretar un carro abierto, recolocar un diente torcido, poner una presilla de hilo como tope inferior provisional, lubricar el recorrido con lápiz de grafito.

En un taller: sustituir la cremallera completa, especialmente si es invisible o si va montada con forro. Cambiar una cremallera de vestido bien hecha cuesta lo que cuesta porque hay que abrir y volver a cerrar el forro sin que se note por fuera.

No tiene arreglo: una cinta deshilachada junto a los dientes, o una cremallera de plástico cuyo carro ya se ha forzado varias veces. En los dos casos, la pieza está al final de su vida.

Antes de comprar, míralas

Se ve en la tienda y se agradece después: una cremallera con dientes de metal y cinta ancha aguanta años y se puede sustituir; una espiral fina de plástico cosida al ras del borde va a ser el primer punto que falle y el que menos margen deja para repararlo.

Carro o cursor

Preguntas frecuentes

¿Qué es el carro de una cremallera?
La pieza que se desliza arriba y abajo y que lleva el tirador. Por dentro tiene dos canales en forma de cuña que obligan a los dientes a entrelazarse al subir. Si esas paredes se abren, aunque sea medio milímetro, los dientes pasan sin engancharse: la cremallera sube y detrás queda abierta.
¿Se puede apretar el carro con unos alicates?
Sí, y es el arreglo que más cremalleras salva. Hay que hacerlo con la cremallera bajada, presionando los dos lados del carro por igual y muy poco a poco: si se aprieta de golpe, deja de deslizar o se rompe. Con cremalleras de plástico el margen es mínimo.
¿Por qué siempre se atasca en el mismo punto?
Porque ahí hay algo que interfiere siempre: un diente doblado, una costura que se mete en el recorrido o un resto de hilo. Un atasco que aparece en cualquier punto apunta al carro; uno que aparece siempre en el mismo sitio apunta a los dientes o al forro.